sábado, 13 de noviembre de 2010

Egipto: la Esfinge

Se desmorona. No quiere verse el rostro desfigurado. Se le cae la piel de piedra y su preciosa melena de deshace.

Ella es el perfil, la mirada atenta, al frente, decidida, la barbilla alta, la espalda recta, las patas bien posadas.

Los turistas le ponen gorras en perspectiva. Ella ni se inmuta. Escolta a las Pirámides con su escrutadora altivez. León con cabeza humana combinadas sentencian su majestuosidad.

Hipnotizado marcho con sus ojos en los míos. En cuanto anochezca la imaginaré posando su rostro entre las patas delanteras para soñar que su eternidad no durará tanto tiempo, porque un mar de arena la protegerá del frío y del hombre mientras, poco a poco, se disuelve en la leyenda del desierto infinito.

No hay comentarios:

Publicar un comentario